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Boletín Nº 10 sobre Comercio Exterior - ARGENTINA



África: un mercado de 1300 millones de habitantes

Escrito por Gabriela Origliaz

Es el futuro, dicen los especialistas en comercio exterior sobre el continente africano. Un futuro muy heterogéneo y, por lo pronto, a mediano plazo. En el 2000 The Economist, una publicación que buena parte del mundo económico toma como GPS de lo que pasa y lo que viene, puso en su tapa “El continente sin esperanza”, las guerras internas y las hambrunas habían destrozado a los países que suman 1300 millones de habitantes. Una década después la misma revista escribió “el auge de África”.

La pandemia de coronavirus golpeó fuerte a la economía y, según proyecciones del Banco Mundial podría hundir a 40 millones de personas en la pobreza extrema, lo que atrasaría con, por lo menos, cinco años de avances en la lucha contra la pobreza.

El informe Africa’s Pulse del Banco Mundial señala que la recuperación requerirá cuantiosas inversiones en todos los países, así como del apoyo financiero de la comunidad internacional. Recomienda la instrumentación de un programa de reformas, que incluya políticas que generen un margen fiscal, junto con otras que aceleren la creación de empleos. Varios países, incluidos Sudáfrica, Nigeria y Etiopía, ya comenzaron con cambios en las áreas de energía y telecomunicaciones. La pandemia empujó a que 25% de las empresas africanas apuraran el uso de tecnología digital.

Según datos de Indec, la balanza comercial argentina con el Magreb (norte africano, Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia) y Egipto en el primer cuatrimestre del año arrojó un superávit de 1293 millones. Se trata del segundo superávit en magnitud entre los registrados con los diferentes países y bloques económicos luego del obtenido con ASEAN. Las exportaciones fueron por 1430 millones de dólares y aumentaron 497 millones de dólares (53,3%) respecto de igual período de 2020, mientras que las importaciones crecieron 54 millones de dólares. En este período, el comercio con Magreb y Egipto significó 6,6% de las exportaciones y 0,8% de las importaciones totales.

Según datos de Indec, la balanza comercial argentina con el Magreb (norte africano, Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia) y Egipto en el primer cuatrimestre del año arrojó un superávit de 1293 millones. Se trata del segundo superávit en magnitud entre los registrados con los diferentes países y bloques económicos luego del obtenido con ASEAN. Las exportaciones fueron por 1430 millones de dólares y aumentaron 497 millones de dólares (53,3%) respecto de igual período de 2020, mientras que las importaciones crecieron 54 millones de dólares. En este período, el comercio con Magreb y Egipto significó 6,6% de las exportaciones y 0,8% de las importaciones totales.

Comercio

En el trabajo de identificación de oportunidades comerciales para la Argentina que elabora la Cancillería, África aparece propicia para agroalimentos como carne congelada, legumbres, cereales y leche en polvo y quesos. También hay demanda de azúcar, golosinas (un segmento no explotado en varios países) y aceites vegetales. La maquinaria agrícola local también tiene chances de seguir aumentando su participación en la región.

“China ya entró a jugar fuerte, hay interés de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón –dice Facundo González Sembla, investigador del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica Argentina (UCA)-. En 2050 vivirán 1200 millones de personas más en el continente, dominantemente población joven. Además, se avanza en la urbanización y eso permite pensar en mercados que son ciudades; en el África subsahariana el PBI venía creciendo al 5% anual y eso abre oportunidades”.

Para el experto, los alimentos (por caso Angola importa el 80% de los que consume) son, claramente, un segmento con mucho potencial. Las estimaciones de organismos internacionales apuntan a que, en 2020, la inseguridad alimenticia aumentó en 130 millones de personas y la amplia mayoría está en África. Pero, además, entiende que debe haber una apuesta fuerte a exportar “un modelo productivo, incorporar tecnología a lo que vendemos, enviar el ‘saber hacer’”.

Esa chance existe porque en África hay territorio subutilizado y las tierras explotadas están subempleadas por lo que el aporte argentino puede colaborar a expandir la frontera agrícola y mejorar la productividad.

Un factor atractivo del continente es que, desde el 2018, cuenta con un Tratado de Libre Comercio por lo que producir en un país permite comercializar con ventajas con todo el resto. De todos modos, la pandemia complicó el comienzo de la fase operativa del acuerdo que estaba prevista para julio pasado. El cierre de fronteras de casi todos los países complejizó el pacto que apunta a la reducción y progresiva desaparición de las barreras y aranceles aduaneros; este año avanza la instrumentación.

Ingresar al mercado africano es complejo –no solo por la distancia (Sudáfrica es lo más cercano de la Argentina)- por los altos aranceles que tienen sus países, en promedio 12% para la nación más favorecida (es decir, el que se le aplica a los miembros de la Organización Mundial de Comercio con los que no se tienen acuerdos comerciales). Un documento elaborado por la Cámara de Exportadores (Cera) advierte que sólo es superado por el sur asiático con 13,4%. Elaborado por Federico Bernini, el documento de fines del año pasado describe que los aranceles más altos son los del sector alimenticio (en promedio 17%) con mucha heterogeneidad. Por caso, Egipto tiene 57%; Kenia 23% y Zambia 22%, mientras en Sudáfrica caen a 9%. Para los sectores textil y automotor son de 10%, químico, 3%; combustibles, 5% y metales y maquinaria, 6%.

Los más y los menos

La Argentina exportaba harina de trigo pero dejó de ser competitiva y fue reemplazada por Turquía. Desde la Federación Molinera, Diego Cifarelli apunta que Angola era el tercer destino detrás de Brasil y Bolivia pero por los costos logísticos y las retenciones se perdió competitividad: “La Cancillería está haciendo un muy buen trabajo, estamos esperanzados en eso pero los números se complicaron. Los africanos son mercados en crecimiento y que necesitan alimentos. Pero, por ejemplo, las compañías internacionales cobran el doble los containers en la Argentina que en Brasil”.

Un caso diferente es el de Satco Traiding, una empresa que exporta congelados de carne vacuna, aviar, porcina y pescado a toda el África subsahariana desde 1998. Máximo Weil cuenta que su padre –fundador de la empresa- empezó a investigar el mercado cuando en el ’95 llegaron importadores a la Argentinarque buscaban productos porque estaban afectados por la sequía.

"Arrancó a explorar y abrir puertas”. Sudáfrica produce pollos pero es deficitaria para autoabastecerse y compra; otros países comenzaron después a incorporar proteína animal. “Es un proceso más lento e irregular, pero serán grandes consumidores. Hay un lobby muy fuerte interno y los aranceles son altos”, define.

Un tema clave por estos días son las demoras en la logística, varias navieras redujeron el servicio y sacaron a la ruta de sus prioridades. “Estamos cargando el 30% de lo que se vende –señala Weil-. Eso está pasando en toda Sudamérica y es problemático”. Oscar Hansen, presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Sudafricana viene manteniendo reuniones para tratar de agilizar el tema. También, desde hace tiempo, insiste en que el Mercosur cierre un acuerdo comercial con África: “El libre comercio absoluto entre ellos es una oportunidad; hay empresas argentinas que producen allá y pueden llegar a todo el continente”.

Enfatiza que si se llega a Sudáfrica con un proyecto de inversión y se busca crédito puede haber una respuesta positiva a corto plazo. “Es la puerta del continente, un país que cambió mucho después del ’94, que tiene libre comercio con Europa y con Estados Unidos. La maquinaria agrícola argentina tiene cabida, la agricultura argentina está instalada. Hicimos un trabajo fuerte con la cámara no solo para venderles, sino para producir allá”.

Industria Metalúrgica Gentili (Imegen) instalada en Tancacha (Córdoba) es una Pyme familiar que, desde hace siete años, exporta máquinas para el procesamiento de soja. Su responsable, Oscar Gentili, califica de “muy buena” la experiencia. “Nos llevó tiempo concretar la primera operación que fue una planta de procesamiento por estrusado pero después fue más rápido. No dudo de que a través de Sudáfrica llegaremos a otros países”, asegura. De hecho, ya empezaron los contactos con Mozambique aunque por la pandemia vienen demorados. El empresario rescata la tarea del Pro Córdoba que organizó misiones comerciales y técnicas.

“El objetivo es venderles integración vertical, desde la semilla a convertirla en comida –subraya-. Incluso la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Córdoba se ofreció capacitar a jóvenes de allá. La transferencia de conocimiento y tecnología es una gran posibilidad”.

Jorge Marcotegui, presidente de Pro Córdoba, señala que comenzaron a bucear el continente en el 2013 con misiones técnica: “Para la maquinaria agrícola son mercados interesantes, incluso para la financiación se abrieron alternativas con un banco regional de fomento”. Recuerda que en Sudáfrica realizaron pruebas a campo de siembra directa con la intención de “llegar con algo distinto y aprovechar nichos; ofrecer un pack que va más allá de la venta del producto, que incluye repuestos y servicio de postventa. De esa manera las relaciones son más perdurables en el tiempo”.

Otros nichos que testaron fueron los de harinas y legumbres secas, equipamiento médico hospitalario, productos farmacéuticos y lácteos. “Volveremos fuerte cuando la pandemia lo permita –agrega Marcotegui-. Mientras tanto seguimos con tareas de inteligencia comercial, un radar de licitaciones en el mundo que bajamos a las empresas”.

Jorge Barisonzi, al frente de International Merchandising Solutions (IMS) e integrante de la Cámara Argentina- Sudafricana, exporta el 70% de su producción de exhibidores para alimentos, a casi la mitad de los países africanos. Primero trabajó en una empresa que importaba equipamiento para exhibidores de comida para fast food y estaciones de servicio; en el 2001 con la crisis argentina le ofrecieron ir a Venezuela, Colonia o África. Un año después empezaba a viajar al África. “Valoran la lealtad, es muy difíciles entrar, pero una vez que se logra son extremadamente serios. Con los años crecimos exponencialmente; conocemos el mercado, tenemos el expertise y nos adaptamos”, señala.

Asegura, según su experiencia, que los africanos son países muy heterogéneos y que, en general, en la Argentina hay poco conocimiento de esas diferencias, de las costumbres culturales. “Ahora atraviesan un ciclo negativo después de uno de crecimiento importante. Hay expectativas de que retomen esa senda. Nuestro punto fuerte es la agilidad de adaptación, la innovación. Eso es clave porque estamos lejos y nuestros costos son altos, debemos diferenciarnos; mejoramos productos, agregamos componentes de primer nivel mundial. Estar en el campo es imprescindible”. Barizonzi está convencido de que de la estrategia sur- sur se puede sacar provecho.